• «¿Por qué los líderes de la IA están pidiendo frenar? El argumento es la seguridad, pero el motivo puede reflejar un primer síntoma de pinchazo.»

    (Carlos Molina – MultiVersial)

  • “Es más peligroso volar demasiado bajo que demasiado alto, solo porque volando bajo nos sintamos seguros.

    Nos conformamos con expectativas bajas y sueños pequeños, y así nos garantizamos menos de lo que somos capaces de lograr.

    Al volar demasiado bajo no solo nos perjudicamos a nosotros mismos. Perjudicamos a quienes dependen de nosotros o podrían beneficiarse de nuestro trabajo.”

    (Nassim Taleb)

  • “Soy un gran fan del actor Matthew McConaughey.

    Tiene un libro maravilloso titulado Greenlights. Es la autobiografía de alguien que no tuvo una juventud ortodoxa, llena de lecciones aprendidas con un estilo que engancha desde la primera página.

    En el libro cuenta una historia que le sucedió en una remota aldea de Malí, África, donde se presentó anónimamente como escritor y boxeador en uno de sus viajes.

    Cuenta que a los aldeanos no les importó lo más mínimo su carrera como escritor, pero sí les interesó mucho la parte del boxeo. Corrió la voz sobre aquel hombre blanco boxeador, y el campeón de lucha de la aldea (un tal Michel) retó a Matthew a un combate.

    Matthew aceptó, y lucharon durante varios asaltos hasta que ambos quedaron exhaustos. En ese momento, el jefe detuvo el combate y levantó las manos de los dos en señal de victoria.

    Más tarde, Matthew le preguntó a Issa, su amigo de la aldea, si había ganado o perdido. Issa respondió:

    “No se trata de ganar o perder, se trata de si aceptas el reto. Cuando lo hiciste, ya habías ganado.””

    (Rafa Sarandeses – No solo suerte)

  • «Recuerda que más opciones normalmente significa más presión e insatisfacción. Cada decisión supone renunciar a centenares de alternativas y, como la hierba del vecino siempre es más verde, resulta facilísimo imaginar que en alguna de esas vidas paralelas estaríamos mejor.

    El problema es que sabemos demasiado poco sobre las alternativas para poder compararlas de manera justa.

    Lo que estamos haciendo es comparar nuestra realidad, cuyos defectos conocemos perfectamente, con alternativas de las que prácticamente solo conocemos ‘la portada’.»

    (Carlos Molina – MultiVersial)

  • «Your salary has 3 Jobs:

    Pay your bills.

    Fund your business.

    Buy your assets.

    If your salary only does the first, you’ll work your whole life.»

  • «Al hilo de una conversación con el tipazo @joantubau me he puesto a reflexionar y a hacer unos números rápidos. Cuando yo tenía 27 años (hace ya un ratito..) ganaba 24.000€, lo mismo que gana mi hijo de 27 años ahora, más o menos. Mismo sueldo 27 años más tarde. Y di la entrada para mi primer piso que era una monada y en un buen barrio de Pamplona y me costó 114.000€- Es decir, 4,75 años de salario. Acabo de ver en @idealista que se vende uno en el mismo edificio y el precio por metro cuadrado se ha triplicado casi. Es decir mi piso valdría hoy unos 310.000. A mi hijo le costaría 13 años de su salario. El que niegue el problema está ciego de remate.

    Y el problema no es el precio de la vivienda, no, no, no… porque un café ha subido 5 veces, una lechuga lo mismo… todo. O sea, la inflación vaya. Todo menos los sueldos.»

    Laura Urquizu Barasoain

  • «Hace unos días murió mi abuela. Mientras sostenía las llaves de su casa pensé algo que me avergonzó: por primera vez desde que soy adulta, podía imaginar un hogar propio. Tengo veintiséis años, una carrera, un máster y hago un doctorado mientras trabajo. Y nada de eso me había acercado tanto a una vivienda como una muerte. Hay algo que me cuesta aceptar sin sentir una mezcla de pudor y rabia: que una generación entera haya empezado a vincular la posibilidad de emanciparse, de tener un lugar donde vivir, no a su trabajo ni a su esfuerzo, sino a la muerte de quienes ama. Yo habría preferido otra historia. Una abuela viva y una casa donde invitarla a comer.»

    MÓNICA SIERRA GIL
    VALENCIA

    CARTAS AL DIRECTOR – EL PAÍS

  • «A escuchar se aprende, ponte a ello hoy mismo. A las personas más maravillosas que he conocido les une una cosa, una sola cosa: están preñadas de empatía. La culpa —qué te voy contar— pesa muchísimo, así que no cargues tus alforjas con las de los demás: porque entonces no podrás andar. Si no haces nada no pasa nada. Lo que deseas suele estar lejos, lo que tienes suele estar cerca. Creo que es más inteligente aprender a amar lo segundo. Sé buena persona, joder. Que no cuesta tanto.»

    (Jesús Terrés – Nada importa)

  • «Islandia ha dicho no. No exactamente no a Europa, pero sí no a reabrir las negociaciones de adhesión con la Unión Europea. El resultado fue ajustado: 52,8% frente a 47,2%, con una participación del 82,5%. No se votaba entrar mañana en la UE. Se votaba volver a sentarse a negociar. Y aun así, los islandeses han preferido dejar la puerta cerrada durante los próximos años.

    El motivo más visible es la pesca. Para Islandia no es una actividad más. Es empleo, exportaciones, territorio marítimo y memoria nacional. Entre 1958 y 1976, el país se enfrentó al Reino Unido en las llamadas guerras del bacalao para defender el control sobre sus aguas. Entrar en la UE habría obligado a encajar su sistema pesquero dentro de la Política Pesquera Común, justo el terreno donde muchos islandeses no quieren ceder decisión. Según Euronews, la pesca representa alrededor del 8% del PIB y casi el 40% de las exportaciones; Reuters eleva su peso hasta cerca del 15% del PIB, dependiendo de cómo se mida el sector.

    Pero, en línea con los anteriores artículos, la pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué ofrece hoy Bruselas a un país que no necesita ser rescatado, financiado ni estabilizado? Para muchos candidatos, entrar en la UE significa fondos, seguridad, convergencia económica, protección institucional y anclaje geopolítico. Para Islandia, el cálculo es distinto. Ya es rica. Ya es estable. Ya está en la OTAN. Ya comercia con Europa. Ya tiene acceso al mercado único. Por eso su no pesa más. No es el no de un país que rechaza la modernidad. Es el no de un país que compara costes y beneficios.

    Europa debería leer este resultado junto al informe Draghi y a la agenda que empuja el llamado grupo del Rin. El diagnóstico está escrito desde hace tiempo: menos fragmentación, más mercado interior real, energía más competitiva, más inversión productiva, menos trámites y mayor capacidad para convertir recursos en crecimiento. Si Europa quiere atraer capital, talento, energía y materias primas, ¿por qué un país que ya comparte buena parte de su marco económico prefiere no entrar?…»

    (Jacobo Ferrando – Las finanzas cambian)

  • «Una cuidad sin niños en las escuelas está condenada a la destrucción.» (El Talmud)