«Islandia ha dicho no. No exactamente no a Europa, pero sí no a reabrir las negociaciones de adhesión con la Unión Europea. El resultado fue ajustado: 52,8% frente a 47,2%, con una participación del 82,5%. No se votaba entrar mañana en la UE. Se votaba volver a sentarse a negociar. Y aun así, los islandeses han preferido dejar la puerta cerrada durante los próximos años.
El motivo más visible es la pesca. Para Islandia no es una actividad más. Es empleo, exportaciones, territorio marítimo y memoria nacional. Entre 1958 y 1976, el país se enfrentó al Reino Unido en las llamadas guerras del bacalao para defender el control sobre sus aguas. Entrar en la UE habría obligado a encajar su sistema pesquero dentro de la Política Pesquera Común, justo el terreno donde muchos islandeses no quieren ceder decisión. Según Euronews, la pesca representa alrededor del 8% del PIB y casi el 40% de las exportaciones; Reuters eleva su peso hasta cerca del 15% del PIB, dependiendo de cómo se mida el sector.
Pero, en línea con los anteriores artículos, la pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué ofrece hoy Bruselas a un país que no necesita ser rescatado, financiado ni estabilizado? Para muchos candidatos, entrar en la UE significa fondos, seguridad, convergencia económica, protección institucional y anclaje geopolítico. Para Islandia, el cálculo es distinto. Ya es rica. Ya es estable. Ya está en la OTAN. Ya comercia con Europa. Ya tiene acceso al mercado único. Por eso su no pesa más. No es el no de un país que rechaza la modernidad. Es el no de un país que compara costes y beneficios.
Europa debería leer este resultado junto al informe Draghi y a la agenda que empuja el llamado grupo del Rin. El diagnóstico está escrito desde hace tiempo: menos fragmentación, más mercado interior real, energía más competitiva, más inversión productiva, menos trámites y mayor capacidad para convertir recursos en crecimiento. Si Europa quiere atraer capital, talento, energía y materias primas, ¿por qué un país que ya comparte buena parte de su marco económico prefiere no entrar?…»
(Jacobo Ferrando – Las finanzas cambian)